YO PUEDO
Creo que muchas personas sienten con bastante claridad
dónde están sus talentos.
Tienen ideas.
Deseos.
Una dirección.
Y aun así se quedan donde están.
No porque no quieran avanzar.
Sino porque falta algo:
la fuerza para hacerlo.
O quizá algo aún más sencillo:
la confianza en que realmente podría funcionar.
A menudo escucho frases como:
“Él lo tiene fácil.”
“Ella tiene talento.”
“No tienen hijos.”
“Él tiene dinero.”
Como si el éxito fuera siempre solo una ventaja externa.
Pero a veces conocemos a alguien
que desmonta silenciosamente todas esas explicaciones.
Una vez conocí a un joven
que huyó de Afganistán a Austria en 2015.
Después de años de huida,
terminó en un campo de refugiados.
Sin dinero.
Sin papeles.
Sin idioma.
Sin formación.
Sin familia.
Y aun así había algo en él
sorprendentemente sereno:
una frase.
“Yo puedo.”
En aquel entonces intenté apoyarlo
con sus solicitudes de empleo.
Llegué con listas.
Con alternativas.
Con un plan B.
Él escuchó.
Y luego dijo simplemente:
“Soy mecánico.
Quiero trabajar en esta profesión.
Y puedo hacerlo.”
Llegaron muchos rechazos.
Pero no quiso saber nada de otras opciones.
No por terquedad.
Sino por claridad.
Después de algunas semanas,
lo invitaron a una prueba de trabajo.
Y consiguió el puesto.
En una profesión muy demandada.
Como joven con estatus de refugiado.
Con un visado temporal.
Con origen afgano.
Yo estaba casi más sorprendido que él.
Solo sonrió y dijo:
“Te dije que podía hacerlo.”
Unos años después,
quiso traer a su joven esposa a Austria.
Yo pensé:
Es imposible.
O al menos demasiado difícil.
Le dije:
“Sería más fácil si…”
Él solo negó con la cabeza.
Estaba seguro.
Hizo, paso a paso, lo necesario.
Entonces los talibanes tomaron el poder.
Los aeropuertos se cerraron.
Otra piedra en el camino.
Otra pausa forzada.
Y aun así:
Hoy vive con su esposa en Viena.
¿Un milagro?
Quizá.
O quizá algo distinto:
una forma de fuerza de voluntad
que no es ruidosa.
Un saber interior inquebrantable:
Sigo adelante.
Incluso con el viento en contra.
Para mí, este encuentro fue un recordatorio:
No todo es fácil.
No todo es justo.
Pero a veces algo grande
no comienza con condiciones perfectas —
sino con una frase silenciosa:
“Yo puedo.”
Quizá no de inmediato.
Quizá no sin desvíos.
Pero paso a paso.
No porque todo sea seguro.
No porque las circunstancias sean perfectas.
Sino porque alguien confía más en su corazón
que en las voces de afuera.
Misma situación.
Nueva perspectiva.
LUMA – it begins in you.