LIBERTAD

¿Alguna vez te has preguntado
qué significa para ti la libertad personal?

Durante mucho tiempo, mi respuesta fue clara.
Libertad significaba: poder hacer lo que quiero.
No estar atada.
No estar limitada.
Tomar mis propias decisiones.

La libertad se sentía como: más.
Más posibilidades.
Más experiencias.
Más afuera.

Y en algún momento empecé a sentir algo distinto:
Muchas veces ese “más” no es tan libre.
A veces es solo otra forma de estar impulsada.

De una fiesta a la siguiente.
De un viaje al otro.
De un éxito al siguiente logro.
Siempre hacia adelante.
Como si la libertad estuviera siempre en otro lugar.
No ahora. Después. Más grande. Más espectacular.

Cuando el “más” deja de liberar

Y a veces me pregunto:

¿No se nos escapa la vida demasiado rápido
cuando pasamos tanto tiempo
en esos espacios intermedios
a los que damos tan poco valor?

Entre un fin de semana y el siguiente.
Entre un éxito y otro.
Entre lo que fue
y lo que se supone que vendrá.

Mientras el presente queda al lado.
Silencioso.
Desapercibido.

Quizá también forma parte de esto
esa necesidad silenciosa
de ser vistos.
De sentir reconocimiento.
De ser aceptados.

Durante mucho tiempo, la libertad se sentía así para mí:
Si a los demás les parece bien, entonces estoy bien.

La forma silenciosa de la libertad

Hoy la libertad se siente distinta.
Más silenciosa.

Ya no la siento en poder hacerlo todo -
sino en no tener que hacerlo todo.

No seguir cada impulso.
No cada mirada.
No cada expectativa.

Y muy concretamente, hoy la libertad para mí
muchas veces significa: decir no.

No con dureza.
No por rebeldía.
Sino como una forma tranquila
de permanecer conmigo.

No decir sí solo porque se espera.
No ir solo para pertenecer.
Sino detenerme un momento y sentir:
¿Qué me hace bien de verdad?

A veces un no no es rechazo -
sino protección.
Un pequeño acto de libertad interior.

Libertad en el ahora

Hoy siento la libertad muchas veces
en los momentos simples.

Estar en el ahora.
Tomar el momento tal como es.

Un café por la mañana.
Una respiración tranquila.
Una conversación sin prisa.
Un paseo en la naturaleza.

Ahí me siento libre.

No buscando el próximo gran momento.
No esperando el próximo aplauso.
Sino en la capacidad de estar aquí.

No siempre más lejos -
sino más profundo.

La libertad no es solo poder hacer lo que quiero.
La libertad también es
no depender
de la aprobación de los demás.

La libertad es
hacer lo que me hace bien.
Quedarme.
Sentir.
No vivir impulsada.

La libertad a veces no empieza afuera -
sino en un momento de silencio
en el que volvemos a escucharnos.

Y cuando llegamos ahí,
algo se calma dentro.
Se vuelve más ligero. Más libre.

Misma situación.
Nueva perspectiva.

LUMA — it begins in you.

Mini ejercicio para hoy
Si alguien te pide algo o te invita a algo -
no respondas de inmediato.
Tómate un respiro.
Haz una pequeña pausa y siente hacia dentro.
¿Tu primera sensación es un sí auténtico?
¿O más bien una ligera duda?
Permítete decidir desde ahí.
No desde la expectativa —
sino desde la claridad interior.

Pregunta de reflexión
¿En qué parte de tu vida sigues confundiendo libertad con “más” -
aunque en tu interior quizás anheles “menos”?

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