REÍR

Hace unas semanas asistí a una charla de Tulku Lobsang. Una persona maravillosa que me inspiró mucho. Lo más especial de él era su risa contagiosa. Hacía mucho tiempo que no me reía de una manera tan profunda y tan sincera como aquel día.

Desde el principio contó historias maravillosas. Por ejemplo, una conversación entre su mente y su cuerpo. De una manera increíblemente simpática, se reía de sí mismo y conseguía transmitir la sabiduría budista con muchísimo humor y ligereza.

No solo habló de la ligereza.
Él mismo la encarnaba.

Tomarnos la vida menos en serio

¿Y si de vez en cuando simplemente no nos tomáramos la vida tan en serio?

Hay momentos en los que, de repente, todo se vuelve más ligero. No porque se haya resuelto un problema. No porque hayamos encontrado una respuesta. A veces simplemente sucede.

Alguien dice algo completamente absurdo. Basta una mirada. Un pequeño momento sale de una manera completamente distinta a la planeada. Y de repente nos reímos. De verdad.

No esa sonrisa educada que hemos aprendido a mostrar. No esa risa exagerada cuando el alcohol habla por nosotros. Sino esa risa espontánea que viene de algún lugar profundo y que, de repente, ya no podemos controlar.

Cuando la mente hace una pausa

Nos reímos aunque todavía tengamos cosas que hacer. Aunque algo nos preocupe. Incluso quizá cuando en realidad no teníamos ganas de reír.

Y durante un momento, todo eso desaparece. No pensamos en lo que ocurrió ayer. No nos preguntamos qué traerá el mañana. No nos preguntamos cómo estamos dando la impresión o cómo nos vemos.

Simplemente reímos.

Quizá esa sea una de las cosas más bonitas de la risa: no necesita ningún plan. Surge de repente y de forma espontánea. Desde dentro.

Nuestra mente puede pasar horas intentando comprender la vida. Analiza, juzga, planifica, sopesa y piensa en todo lo que podría suceder. Y entonces llega un único momento de locura – y de repente la mente hace una pausa.

El corazón ríe primero. La mente llega después. Quizá eso sea precisamente lo que nos hace sentir tan bien.

Tomarnos a nosotros mismos menos en serio

Nos tomamos tantas cosas en serio. Nuestros errores. Nuestras decisiones. La opinión de los demás.

Lo que todavía no hemos conseguido. Lo que podría salir mal. Y, por último, a nosotros mismos. A veces nos tomamos mucho más en serio de lo que nos hace bien.

Porque cuanto más gira todo alrededor de nuestro ego, más pesada puede sentirse la vida. Cómo nos ven. Qué piensan los demás de nosotros. Si estamos haciendo las cosas bien. Si estamos cumpliendo nuestras propias expectativas.

De repente, nuestra imagen de nosotros mismos se convierte en algo que tenemos que defender constantemente. Y qué liberador es poder reírnos de ello por un momento. De nuestros propios errores. De nuestras pequeñas manías. De una situación que nos tomamos demasiado en serio.

La risa es para mí, una y otra vez, una maravillosa maestra. En cuestión de segundos puede soltar algo a lo que llevamos demasiado tiempo aferrándonos mentalmente.

Las personas con las que reímos

Hay personas con las que resulta especialmente fácil reír. Una mirada basta y ambos saben ya lo que está pensando el otro. Una palabra – y de repente nos echamos a reír de corazón.

A veces son precisamente estas personas las que nos recuerdan que la vida no consiste solamente en seriedad, decisiones importantes y cosas que tenemos que hacer o conseguir. Sino que también puede ser ligera de vez en cuando.

Un pequeño momento de libertad

Cuando reímos de corazón, no tenemos que resolver nada. Nada que explicar. Nada que controlar. Simplemente estamos ahí. En el presente.

Quizá estos momentos sean también pequeños recordatorios de que no estamos a merced de nuestros pensamientos. Podemos interrumpirlos. No con esfuerzo, no con resistencia, sino a veces simplemente con una risa.

Nuestra vida rara vez se vuelve más ligera cuando hemos resuelto todo. Pero muy a menudo se vuelve más ligera cuando dejamos de tomarnos a nosotros mismos tan en serio. Y quizá esa sea precisamente la ligereza que buscamos tantas veces. No en algún lugar fuera de nuestra vida. Sino en medio de ella.

Y entonces vuelvo una y otra vez a una frase de Tulku Lobsang. Cuando la gente le pregunta por qué tiene los dientes tan blancos, responde: «Reciben mucho oxígeno porque río mucho».

Bueno, quizá esa sea también una buena razón para reír un poco más a menudo.

Luma – it begins in you.

Mini ejercicio
Hoy, observa cómo reaccionas ante cosas que normalmente te tomas muy en serio.
Quizá un pequeño error.
Una situación embarazosa.
Algo que no sale según lo previsto.
Y entonces pregúntate:
¿Podría también reírme de ello?
No para quitarle importancia a algo.
Sino para tomar un poco de distancia por un momento.
Quizá la situación no cambie por ello.
Pero quizá sí cambie tu manera de verla.

Pregunta para reflexionar
¿Qué podría volverse más ligero si me tomara a mí mismo y a mi vida un poquito menos en serio?

Weiter
Weiter

SENCILLEZ