ESPERANZA
¿Existe una posibilidad?
Esta pregunta, que encontré en un libro de Lars Amend, despertó algo en mí hace algún tiempo. Desde entonces me acompaña en muchas situaciones de la vida y me da fuerza.
Me ayuda a mantener abierta la posibilidad de un buen desenlace. A veces basta con creer que existe un camino, aunque todavía no pueda verlo.
La esperanza no es una certeza
Con el tiempo comprendí que la esperanza no es la convicción de que todo saldrá bien. La esperanza es, más bien, la disposición a aceptar la posibilidad de que pueda salir bien.
Siempre he sido una persona muy positiva y me ha gustado ver posibilidades donde otros hacía tiempo que habían dejado de verlas. Por eso, más de una vez me calificaron de ingenuamente optimista. Antes eso me dolía y, sobre todo, me hacía dudar de mí misma. Aún hoy sigo escuchando esa crítica, pero ya casi no me hiere. Con el tiempo he aprendido a confiar en que la esperanza me sostiene mucho más de lo que podría perjudicarme.
La esperanza necesita pensamiento crítico
En mi entorno encuentro a muchas personas muy críticas. A menudo percibo una actitud marcada por la negatividad, la impotencia y también por el cinismo, a veces hábilmente disfrazado de humor. Personalmente, nunca logré identificarme con ello. Siempre me dejaba una sensación incómoda, aunque durante mucho tiempo no supe ponerle nombre. Incluso llegué a preguntarme si simplemente me faltaba sentido del humor.
Hace poco encontré una reflexión que expresó exactamente lo que sentía:
El pensamiento crítico sin esperanza es cinismo.
Pero la esperanza sin pensamiento crítico es ingenuidad.
Hoy veo el cinismo, muchas veces, como una actitud que descarta el cambio antes incluso de darle una oportunidad. En mi opinión, a esa forma de mirar le falta algo esencial: la base para actuar buscando soluciones.
La esperanza como base de la acción
Cuando miro hacia atrás en mi vida, veo que ha sido la esperanza la que una y otra vez me ha impulsado en los momentos difíciles.
Y aunque la esperanza me mueve, no me considero una persona acrítica. Mi esperanza no significa: Estoy segura de que todo saldrá bien. Significa algo mucho más sencillo: Existe una posibilidad.
Mientras tengo esperanza, sigo siendo capaz de actuar. Cuando acepto la incertidumbre y, al mismo tiempo, creo que aún puedo influir, al menos en parte, en el resultado, actuar tiene sentido para mí. La esperanza no sustituye a la acción; es su fundamento.
Nunca sabemos lo que ocurrirá. El futuro es incierto e impredecible. Y, precisamente por eso, deja espacio para la esperanza.
No necesito saber si algo tendrá éxito para creer que vale la pena hacerlo.
La esperanza impulsa la acción. La acción alimenta una nueva esperanza.
Ambas se nutren mutuamente.
La esperanza y la realidad no se excluyen
La historia demuestra que los grandes cambios sociales suelen comenzar con muchas acciones pequeñas, aunque sus efectos permanezcan invisibles al principio.
En conversaciones sobre temas sociales o medioambientales escucho una y otra vez frases como:
"Eso no sirve de nada."
"Yo solo no puedo cambiar nada."
"Al final deciden los que tienen el poder."
Estas frases parecen razonables. Pero nos quitan precisamente aquello que hace posible el cambio: nuestra capacidad de actuar.
Porque si nadie cree que el cambio es posible, nadie actuará. Y si nosotros no actuamos, ¿no estaremos dejando precisamente las decisiones en manos de quienes ya tienen el poder?
Para mí, la esperanza no significa embellecer la realidad. Significa reconocerla y, aun así, dejar espacio para las posibilidades.
La historia suele contarse de forma incompleta
Con frecuencia, la historia se narra como una sucesión de grandes personajes y decisiones poderosas. En ese relato desaparecen las innumerables personas, movimientos y comunidades que hicieron posibles esos cambios.
Muchos de los derechos y logros que hoy damos por sentados fueron conquistados por personas que durante mucho tiempo fueron consideradas ingenuas o poco realistas.
La abolición de la esclavitud, el derecho al voto de las mujeres o el movimiento LGBTQ+ no surgieron porque quienes ostentaban el poder cambiaran de opinión de repente. Surgieron porque hubo personas que creyeron en una posibilidad. Personas situadas en los márgenes de la sociedad, cuyo éxito parecía muy poco probable en aquel momento. Personas que creyeron que el cambio era posible y que se negaron a aceptar el estado de las cosas.
Su esperanza se convirtió en el motor de sus acciones. Y de muchas pequeñas acciones nacieron cambios que antes parecían imposibles.
Una y otra vez, personas apasionadas han demostrado que lo que es no tiene por qué seguir siendo así. Que el estado actual puede ser injusto o simplemente equivocado.
Los efectos de nuestras acciones suelen aparecer mucho más tarde
¿Cuántos escritores, artistas y creadores solo fueron comprendidos o reconocidos mucho tiempo después de su muerte?
Sembramos semillas viendo únicamente la posibilidad de que algún día crezcan.
Plantamos un árbol sin saber si alguna vez nos sentaremos bajo su sombra. Y aun así lo plantamos.
No por certeza, sino por esperanza.
Entonces, ¿por qué no plantar hoy un árbol?
¿Restaurar un río?
¿Ayudar a otra persona?
Tal vez no se trate siempre de ver resultados rápidos.
Tal vez se trate, simplemente, de hacer aquello que sentimos que es lo correcto.
Porque ahí es donde, para mí, nace la esperanza.
A veces me pregunto:
¿Qué cambia más nuestro mundo? ¿La creencia de que todo está perdido o la confianza en que nuestras acciones todavía pueden marcar una diferencia, a pesar de toda la incertidumbre?
No solo cuando sé que mis acciones tendrán éxito.
Sino ya en el momento en que siento que estoy dando un paso en la dirección correcta.
Si algo surge de ello, y cuándo, muchas veces escapa a mi control.
Pero el sentido no nace para mí al llegar a la meta. Nace mientras camino.
Quizá eso sea realmente la esperanza:
Confiar en que el siguiente paso correcto ya tiene sentido. Aunque todavía no sepamos adónde nos llevará.
Porque quizá todo cambio importante comienza con la misma pregunta sencilla:
¿Existe una posibilidad?
LUMA – It begins in you.
Mini ejercicio
Piensa hoy en algo que sea importante para ti, algo que desees para tu vida, tu familia o nuestro mundo.
No te preguntes: ¿Funcionará?
Pregúntate, en cambio: ¿Cuál sería el siguiente pequeño paso si creyera que ya tiene sentido?
Y da ese único paso.
Pregunta para reflexionar
¿En qué parte de mi vida sigo esperando una certeza, cuando quizá la esperanza ya sea suficiente para dar el siguiente paso?