AUTENTICIDAD
A veces te encuentras con personas.
Te caen bien. Todo encaja.
Y luego las vuelves a ver -
en otro contexto -
y de repente todo es diferente.
Otra actitud.
Otros temas.
¿Por qué ocurre esto una y otra vez?
¿Quién eres cuando nadie te está mirando?
En algún momento leí una frase:
¿Quién eres cuando nadie te está mirando?
Esa frase despertó algo en mí.
¿Cuánto de nuestro llamado “yo auténtico” vivimos realmente -
y cuánto de ello sigue, sin darnos cuenta,
las expectativas del mundo exterior?
Cómo nos adaptamos
De niños somos maravillosamente únicos y auténticos.
Luego llega la educación.
Luego la escuela.
Y de repente ya no se trata tanto
de desarrollar nuestra singularidad,
sino de encajar en una forma.
Asumir un rol.
Tener un trabajo más adelante.
Uno que encaje en esta sociedad.
A los niños se les pregunta constantemente:
“¿Qué quieres ser cuando seas mayor?”
Rara vez:
“¿Quién eres?”
Y así, desde muy temprano,
se les transmite que aún no son suficientes.
Que primero tienen que convertirse en algo.
Sin embargo, el éxito
que nuestra sociedad valora tanto
a menudo no coincide con nuestro yo auténtico.
Para seguirlo, construimos poco a poco
una nueva identidad: nuestro ego.
El ego quiere cumplir con las expectativas externas.
Y eso es agotador. Muy agotador.
Cuanto mayor es la distancia
entre nuestro yo auténtico
y esa identidad construida,
mayor es la tensión y el dolor interno.
Sentimos insatisfacción.
Y vacío.
Un ejemplo personal
Pienso en mi madre.
Ella nos contaba a menudo
cuánto quería ser actriz.
Incluso había aprobado el examen de ingreso
para una reconocida escuela de actuación en Viena.
Pero a los ojos de sus padres,
la actuación no era una profesión “seria”.
Y en casa había una farmacia.
Así que la decisión fue clara: estudiar farmacia.
La búsqueda de reconocimiento
Más adelante, ya no son solo los padres
quienes nos influyen.
Buscamos reconocimiento
en amigos, vecinos, en el trabajo
o en las redes sociales.
Cuanto más nos orientamos
por las expectativas externas,
más nos alejamos de nosotros mismos.
Y más atraemos a personas
que funcionan de la misma manera.
Lo que permanece debajo de todo
Y aun así:
nuestro yo auténtico no desaparece.
Sigue ahí.
Debajo de todas las capas.
Y podemos volver a él en cualquier momento -
si estamos dispuestos a volver a escuchar.
Entonces empezamos a ver las distancias
y a reducirlas poco a poco.
El cuerpo y las emociones como guía
El primer acceso suele ser el cuerpo.
Cuando conectamos conscientemente con él,
empezamos a sentir más.
Una tensión.
Una incomodidad.
Una sensación extraña.
Y entonces lo sabemos:
aquí no soy yo.
Las emociones también pueden ser señales.
Ira.
Miedo.
A menudo nos muestran
dónde no estamos en armonía con nosotros mismos.
El valor de la honestidad
El camino de regreso a ti mismo no es fácil.
Requiere, sobre todo,
valentía para ser honesto.
Significa cuestionar hábitos,
salir de la zona de confort,
asumir responsabilidad
y, a veces, atreverse a incomodar.
No podemos ser auténticos
y querer agradar a todos al mismo tiempo.
¿Nos resulta fácil amar a personas
que no son honestas con nosotros?
Probablemente no.
Entonces, ¿cómo vamos a amarnos
si no somos honestos con nosotros mismos?
Sin excusas.
Sin suavizar la realidad.
Sino mirando con claridad.
De vuelta a ti
Ser auténtico significa
soltar las expectativas externas.
Tener el valor
de decir
y vivir
lo que realmente sentimos.
Cuando pensar, sentir y actuar se alinean,
surge algo hermoso:
la capacidad de amarnos a nosotros mismos -
y con ello,
más calma
y paz interior.
Luma – it begins in you.
Mini ejercicio
Obsérvate hoy
en una situación en la que estés con otras personas.
Haz una pausa y siente tu cuerpo:
¿Sientes apertura - o tensión?
¿Te estás adaptando -
o estás siendo tú mismo?
No necesitas hacer más.
Pregunta de reflexión
¿En qué momentos de tu vida estás más lejos de ti mismo?