GRATITUD
¿Por qué vemos tan rápido lo que falta
y tan pocas veces lo que ya está?
Es una pregunta que me hago una y otra vez.
En conversaciones con otras personas.
Pero también cuando simplemente escucho.
A menudo se habla de lo que aún no encaja.
De lo que todavía no se ha logrado.
De lo que otros tienen.
Y nosotros quizás no.
De lo mal que nos ha tratado el destino.
De lo injusta y triste que es la vida.
De la poca comprensión que muestran la pareja o los hijos.
No tengo suficiente.
No he llegado lo suficientemente lejos.
Otros tienen más.
Otros lo tienen más fácil.
¿Por qué nos identificamos tan a menudo con lo que nos falta?
¿Por qué en la vida cotidiana surgen a veces verdaderas competiciones sobre quién lo tiene más difícil?
Es como si nuestra mirada se dirigiera automáticamente hacia aquello que falta.
Y de repente todo parece menos.
El éxito parece más pequeño.
La relación más difícil.
El día, de algún modo, incompleto.
Y sin embargo, ya hay tanto.
Una vida en Europa.
Libertad y seguridad.
Familia.
Amigos.
Prosperidad.
Un pequeño cambio de perspectiva
¿Qué pasaría si volviéramos a dirigir más nuestra atención hacia nuestras capacidades, nuestras relaciones, nuestras experiencias y nuestras posibilidades?
Nuestro cerebro percibe automáticamente más de aquello en lo que ponemos nuestra atención. Cuando practicamos la gratitud, entrenamos nuestra mente para reconocer la abundancia en lugar de las carencias.
Quizá este cambio de enfoque pueda ayudarnos a aumentar nuestra satisfacción, reducir el estrés, disminuir la comparación con los demás y fortalecer nuestro sentido de conexión.
También lo difícil puede estar presente.
Por supuesto, la gratitud no siempre es fácil.
Especialmente en tiempos difíciles, nuestra mirada se dirige rápidamente hacia lo que falta.
Hacia lo que duele.
Hacia lo que no funciona.
La gratitud no significa ignorar lo difícil.
Más bien es una invitación a no perder de vista lo bueno.
La gratitud es más que un sentimiento agradable.
Es una actitud.
Una pequeña decisión de mirar también lo que ya está presente.
La respiración – un comienzo
Muchas veces la gratitud empieza con cosas muy simples.
Con la respiración.
Llega y se va sin que tengamos que hacer nada.
Y aun así nos sostiene en cada momento.
A veces basta con percibir conscientemente una sola respiración para volver al presente.
No a lo que fue ayer.
Ni a lo que quizá suceda mañana.
Sino aquí.
Conexión
La gratitud conecta.
Con nosotros mismos.
Con otras personas.
Y con la vida.
Nos recuerda que muchas cosas se entrelazan para que nuestra vida cotidiana sea posible.
Personas.
Naturaleza.
Innumerables pequeñas cosas que a menudo damos por hechas.
Ver lo cotidiano de otra manera
A veces la gratitud también cambia la forma en que vemos lo cotidiano.
Un rayo de sol por la mañana.
Una mirada amable.
Un momento tranquilo con una taza de café.
Nada espectacular.
Y sin embargo adquiere significado cuando lo observamos conscientemente.
Lo que la gratitud puede cambiar
Con el tiempo, la gratitud puede cambiar algo.
No necesariamente la situación.
Pero sí la forma en que la miramos.
Cuando percibimos conscientemente lo que ya está, algo dentro de nosotros suele volverse más tranquilo.
El enfado pierde algo de su dureza.
El estrés se suaviza.
La gratitud no cambia todo de inmediato.
Pero cambia nuestra mirada.
Y a veces eso es suficiente.
Misma situación.
Nueva perspectiva.
LUMA – it begins in you.
Mini ejercicio
La gratitud se puede practicar en la vida cotidiana.
Por la noche, antes de dormir, puedes preguntarte:
¿Cuáles fueron tres cosas buenas hoy?
A veces son cosas pequeñas.
Una buena conversación.
Un encuentro inesperado.
Un momento de calma.
O de camino al trabajo:
Percibir tres cosas que normalmente pasarían desapercibidas.
Un árbol hermoso.
El olor del pan recién hecho.
El canto de los pájaros.
Pregunta de reflexión
¿Cuándo fue la última vez que percibiste conscientemente lo que ya está presente en tu vida, en lugar de fijarte en lo que falta?