EMOCIONES

De niña, a menudo estaba enfadada.
Muy enfadada.

Mis padres no sabían qué hacer.
Decían con firmeza:
“Vete a tu habitación.
Y cuando te hayas calmado, puedes salir.”

Esos momentos eran terribles para mí.
No porque estuviera sola.
Sino porque nadie me enseñó
CÓMO calmarme.

Simplemente estaba allí —
con todas esas emociones.
Desbordada.

Los adultos repetían una y otra vez:
“Es que es muy emocional.”

Y esa etiqueta se quedó conmigo.
Empecé a creerla.

Ese es mi carácter.
Así soy.
Tengo que vivir con ello.
Y los demás también.

Seguí enfadada.
Incluso de adulta.

Muchos años después
viví algo por primera vez
que cambió por completo mi vida interior.

Al leer y practicar
actitudes mentales del Shaolin,
entendí algo
que nunca había escuchado de esa manera:

No tengo que ser víctima de mis emociones.
No tengo que sufrir así.
Puedo aprender
a observarlas
sin estar a su merced.

Puedo volverme más serena.

Una nueva mirada

A menudo confundimos los sentimientos con la verdad.
Como si fuéramos ellos.

Y entonces sucede tan rápido:
Una discusión con alguien que amamos.
Un tono.
Una frase.
Un momento de más.

De repente todo se vuelve intenso.
Lágrimas.
Rabia.
Palabras que no se pueden retirar.

Y después queda ese arrepentimiento silencioso:
¿Por qué dije eso?

Quizá muchas cosas serían distintas
si nos diéramos cuenta un poco antes:

Yo no soy esta rabia.
Yo no soy este dolor.
Yo no soy este pensamiento de injusticia.

Hay algo en mí.
Pero soy más que eso.

A veces basta una respiración
antes de que todo explote.

Espacio

Para mí, este descubrimiento cambió mi vida:

Las emociones no necesitan ser controladas
reprimiéndolas.

Podemos aprender
a darles espacio —
sin dejar que tomen el control.

Puedo sentir miedo.
Pero no tengo que creerle.
Puedo notar la rabia.
Pero no tengo que actuar desde ella.
Puedo sentir tristeza.
Pero no tengo que quedarme atrapada en ella.

Cuando el miedo se convierte en energía

Especialmente el miedo cambió para mí.

En algún momento entendí:
Gran parte de nuestros miedos
no tiene que ver con el ahora.

Son pensamientos.
Historias sobre el futuro.
Imágenes de lo que podría pasar.

No la realidad.

Mi cuerpo puede estar sentado aquí en la mesa.
Ahora.
Y el miedo ya está en el mañana.

Hoy me pregunto a menudo:
¿Qué está realmente aquí?
¿Y qué solo ocurre en mi mente?

¿Qué necesita acción?
¿Y qué solo necesita una respiración?

Esa distinción por sí sola
trae mucha calma.

A veces el miedo no es un enemigo.
Es energía.

Y puedo aprender
a no dirigirla contra mí —
sino hacia algo.

Hacia claridad.
Hacia movimiento.
Hacia un siguiente paso.

No porque no tenga miedo.
Sino porque no creo todo lo que me dice.

Libertad emocional a través de la conciencia

Para mí, hoy la libertad emocional significa:

Aunque alguien me ataque,
no tengo que atacar de vuelta.

Aunque la vida parezca injusta,
no tengo que romperme por dentro.

Puedo permanecer en el presente.
Incluso en medio de la tormenta.

Las emociones pierden su poder
cuando aprendemos a observarlas
en lugar de dejarnos arrastrar por ellas.

No volvernos más duros.
Sino más claros.
No perfectos.
Pero más presentes.

Y quizá justo ahí
empieza la paz interior.

Misma situación.
Nueva perspectiva.

LUMA – it begins in you.

Mini ejercicio

La próxima vez que aparezca el miedo, detente un momento.

Pregúntate:
¿Dónde siento el miedo en mi cuerpo?

Quédate ahí durante una respiración.

Y luego pregúntate:
¿Este miedo es real ahora mismo?
¿O mi mente está contando una historia sobre mañana?

¿Existe la posibilidad
de que todo también pueda salir de otra manera?

No tengo que hacer nada más en ese momento.
Solo observar.
Solo dar espacio.

Pregunta de reflexión
¿Qué sería posible si no creyeras todo lo que te dice tu miedo?

Zurück
Zurück

EMOTIONS

Weiter
Weiter

FREIHEIT