ATENCIÓN
¿Existen personas a las que no les guste ser vistas o escuchadas?
Probablemente no.
Ser visto es algo fundamental.
No solo con los ojos.
Sino con atención.
Una persona a la que realmente escuchamos lo siente de inmediato.
Y del mismo modo sentimos lo contrario:
cuando alguien está sentado ahí, pero por dentro ya está en otro lugar.
Quizá esta sea una de las razones silenciosas
por las que muchas personas hoy se sienten solas, incluso con agendas llenas.
No porque no haya nadie.
Sino porque hay muy poca presencia real.
El multitasking se considera algo admirable.
Revisamos los primeros correos ya en el desayuno.
Planeamos el fin de semana mientras cocinamos.
Asentimos mientras alguien habla—
y por dentro ya estamos en lo siguiente.
Pero ¿realmente escuchamos en esos momentos?
¿Con toda la atención?
¿O se pierde algo?
Antes me molestaba
no ser especialmente buena haciendo varias cosas a la vez.
Hoy practico, conscientemente, no intentarlo.
Porque con el tiempo he comprendido:
el multitasking no funciona de verdad.
Nuestra conciencia solo puede enfocarse en un espacio pequeño a la vez.
Cuando hacemos varias cosas al mismo tiempo,
lo esencial suele desaparecer.
Quizá el arte no está en lograr más—
sino en hacer una sola cosa por completo.
Estar presente.
Aquí.
¿Qué ocurre cuando escuchamos de verdad a otra persona?
No pensando ya en nuestra respuesta.
No medio ausentes.
Sino con una mirada abierta.
Tal vez recordamos detalles después.
Tal vez sentimos más de lo que vibra entre las palabras.
Escuchar no solo con los oídos.
Sino también con el corazón.
Durante mucho tiempo pensé que era una buena oyente.
Y sí—me gusta escuchar.
Pero si soy honesta,
todavía hay mucho espacio para crecer.
A menudo me descubro así:
alguien cuenta un problema,
y por dentro yo ya estoy en mi solución.
Aparecen mis propias historias.
Mis propias experiencias.
Y a través de esos pensamientos pierdo la atención
por lo que la otra persona realmente está compartiendo.
Y como a muchos les pasa lo mismo, ocurre algo típico en reuniones sociales:
de repente todo se vuelve más ruidoso.
No porque haya conflicto.
Sino porque todos quieren ser escuchados—
y en algún momento nadie escucha de verdad.
Eso es humano.
Y aun así me pregunto:
¿Podríamos retroceder un poco más a menudo
para dar espacio a los demás?
A veces observo entre amigos casi pequeñas competencias por el tiempo de palabra.
Y sin embargo podría ser tan simple:
Escuchar más.
Comentar menos.
No dar consejos enseguida.
Primero, simplemente estar.
Quizá la cercanía a veces nace exactamente así:
Con tiempo.
Con atención.
Y quizá la atención siempre comienza con un pequeño momento de silencio.
Una respiración.
Una presencia real.
Para el otro.
Y también para nosotros.
Porque cuando volvemos a aprender a escuchar de verdad,
surge algo muy simple:
Calma.
Claridad.
Conexión.
Y quizá también ese lugar silencioso
que tantos están buscando:
paz interior.
LUMA – it begins in you.