AMOR PROPIO

Durante mucho tiempo, el concepto de amor propio me resultó difícil de comprender.
Lo veía como egoísmo o como otra forma más de superación personal.
Hoy creo que el amor propio es algo muy diferente.

Para mí, el amor propio comienza cuando empezamos a vernos de verdad.
Cuando nos tratamos con dignidad y respeto.
Cuando aceptamos nuestra vulnerabilidad.
Cuando asumimos la responsabilidad de nuestra vida.
Cuando somos honestos con nosotros mismos.
Y cuando nos aceptamos incluso cuando las cosas no salen como habíamos planeado.

Estar en paz conmigo misma cuando todo va bien,
cuando estoy en la cresta de la ola, cuando me celebran y me aplauden,
no tiene demasiado mérito.

Pero ¿qué ocurre en esos momentos
en los que la vida no muestra precisamente su lado más amable?

Cuando tengo miedo.
Cuando fracaso.
Cuando me siento impotente.
Cuando me siento sola.
Cuando simplemente no funciono.

¿Puedo seguir tratándome con respeto? ¿Puedo seguir hablándome con amabilidad?
¿Puedo abrazarme y estar ahí para mí también en esos momentos?

Cómo nos hablamos a nosotros mismos

A menudo recuerdo un capítulo de un libro de psicología del golf titulado:
"Despide a tu caddie malvado y conviértete en tu mejor amigo."

Por primera vez empecé a observar conscientemente cómo me hablaba a mí misma.
Después de malos golpes. Después de puntos perdidos.
Y me sorprendió descubrir lo dura que era conmigo misma, lo rápido que me menospreciaba.
Lo natural que me resultaba criticarme.

¿Aceptaría a un caddie que me hablara en el campo de golf de la misma manera en que yo me hablo a mí misma?
Jamás.

Entonces, ¿por qué aceptamos en nuestra propia mente una voz que no toleraríamos en ninguna otra persona?

Darnos a nosotros mismos lo que esperamos de los demás

Tal vez el amor propio comienza cuando empezamos a darnos a nosotros mismos aquello que esperamos de los demás.

Cuando nos casamos, hacemos promesas a las personas que amamos.
En esos votos prometemos tantas cosas:
Escuchar.
Ser fieles.
Ser pacientes.
Mostrar respeto.
No marcharnos cuando llegan los momentos difíciles.

Pero ¿nos ofrecemos también esas mismas cosas a nosotros mismos?
¿Permanecemos a nuestro lado cuando nos sentimos débiles?
¿Nos hablamos con respeto cuando fracasamos?
¿Nos escuchamos de verdad?
¿O nos abandonamos precisamente cuando más nos necesitamos?

Para mí, el amor propio significa sobre todo una cosa:
No volver a abandonarme.
Tratarme con cariño y respeto.

La guerra silenciosa contra nosotros mismos

¿Cuántas personas se critican constantemente por dentro?
¿Por qué creemos que primero debemos ser mejores, más atractivos, más exitosos o más fuertes para merecer nuestro propio amor?

La mente dice:
"Cuando este problema se resuelva..."
"Cuando me vea diferente..."
"Cuando consiga más..."
"Entonces podré aceptarme."

Y precisamente ahí comienza el sufrimiento. Mientras mi valor dependa de condiciones,
seguiré en guerra conmigo misma.
La autoaceptación no significa pasividad ni tampoco que todo nos parezca bien.

Significa algo mucho más sencillo: dejar de rechazarnos constantemente.
Dejar de decir: "Hay algo malo en mí."
Y empezar a decir: "Este es mi estado en este momento, y tengo derecho a estar aquí."

Honestidad con nosotros mismos

Para mí, el amor propio también implica una honestidad radical.
Implica mirar aquellas partes más oscuras de nosotros mismos,
las que solemos esconder, negar o evitar.

No solo nuestras partes bonitas merecen aceptación.
Aquello que combatimos o negamos dentro de nosotros suele seguir controlándonos de forma inconsciente.
Aquello que aceptamos, en cambio, tiene la oportunidad de crecer y transformarse.

Para mí, el amor propio nace de la claridad interior y de la aceptación.
Del momento en que soy capaz de decirme sí a mí misma, incluso en mi imperfección.

Estar solo sin sentirse solo

Si miro hacia atrás, rara vez disfruté de estar sola.
Sin embargo, en los últimos años he empezado a comprender
lo importante que es la soledad para un amor propio maduro.

Cuando evito estar sola, muchas veces espero inconscientemente que otras personas llenen un vacío dentro de mí.
Quizá en realidad no huimos de la soledad,
sino del encuentro con nosotros mismos.

Porque cuando desaparecen las distracciones, solo queda una cosa:
Escucharnos.
Entonces nos encontramos con nuestros pensamientos, nuestros miedos, nuestras necesidades
y con todas aquellas partes de nosotros mismos que solemos evitar en la vida cotidiana.

Por eso estar solo no significa necesariamente sentirse solo.
También puede convertirse en un espacio donde aprendemos a conocernos mejor.
A ser más honestos.
Más auténticos.

Solo cuando aprendemos a estar con nosotros mismos aparece una forma más profunda de calma.
Cuando siento que puedo estar conmigo. Que puedo sostenerme.
Que no necesito abandonarme constantemente.

Entonces surge algo nuevo.
La certeza tranquila de que puedo ser una buena compañía para mí misma.

El amor propio no es una meta

El amor propio no es un estado que se alcanza de una vez para siempre.
Cambia con la vida.
A los veinte años tenemos necesidades distintas que a los cincuenta o sesenta.
Lo que nos fortalece cambia.
Lo que necesitamos cambia.

Por eso el amor propio requiere una y otra vez honestidad.
Nueva atención.
Nuevos ajustes.

Tal vez el amor propio no sea nada espectacular.
Tal vez simplemente signifique volver a uno mismo una y otra vez.
No abandonarse.
Ni siquiera cuando la vida se vuelve difícil.

LUMA — it begins in you.

Pequeño ejercicio
La próxima vez que algo no salga como esperabas, haz una pausa por un momento.
Lleva tu atención al cuerpo.
¿Dónde sientes la tensión?
¿En el estómago?
¿En el pecho?
¿En el cuello?
No intentes cambiar nada.
Simplemente observa lo que está ahí.
Respira conscientemente hacia esa zona.
Siente tus pies sobre el suelo.
Quizá te ayude salir un momento al exterior,
sentir la tierra bajo tus pies o dejar que el agua corra sobre tus manos.
Quizá también te ayude rodearte con los brazos y decirte en silencio:
"Estoy aquí."
Observa qué ocurre cuando dejas de luchar contra el momento.
Esto también pasará.
Como pasan todos los momentos.
Los fáciles.
Y los difíciles.

Pregunta para reflexionar
¿Cómo me hablaría hoy si fuera mi mejor amigo?

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